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3 de julio de 2013

carta de un arrepentido

Ana:
Te escribo porque me fui y por eso es que yo estoy acá escribiendo y vos estas allá, en casa, leyendo esto, siguiendo estas palabras con tus ojos y comprendiendo, quizás y finalmente, que me fui.
Espero que no te sea duro y que no seas dura conmigo, claro que para vos sería fácil, dirás “el se fue y yo me quede acá, con el nene”, dirás eso y pensaras que es más fácil irse que quedarse, ¡que equivocación tan grande esa, Ana!, espero que no pienses así, que esa idea no cruce por tu cabeza.
Me lleve la plata, es verdad, pero no sabes lo que fue, lo duro que fue esperar el colectivo en la bruma, mientras amanecía, ni lo que fue subirme a ese colectivo y mirar por la ventana, ver como se alejaba de a poco el barrio, como dejaba atrás veinte años, un chico y una mujer. No sabes, Ana, lo que significo para mí irme.
Es verdad, me lleve la plata y no pienso darte nada, para vos es fácil, sos la víctima, yo te dejo ese lugar, te lo regalo, te doy la oportunidad de que te victimices, es mi culpa, sí , yo me fui, te deje a vos, que sos tan buena, que nunca te olvidaste de hacer la comida, de lavar los platos, de planchar y de amar, sobre todo de amar.
Te dejo porque me odio, porque no me gustaría llegar a odiarte a vos, porque, aunque no me creas, te valoro, porque te valoro te dejo en paz, ahora no lo vas a entender pero si con el tiempo, cuando te olvides ya de mi y de esta carta, cuando logres estar sola, finalmente sola, sin nadie, siquiera con el nene, ahí un día debajo de un árbol o escuchando la radio en la cocina, un día, un minuto pensaras…soy libre. Yo, en cambio, nunca seré libre pues siempre estaré atado a tu recuerdo y al de mi hijo al que, por favor, no le hables de mi, o háblale mal, deci que soy una mierda, un abandonador; no digas que enloquecí, que era bueno y un día me fui y te deje una carta delirante.
Porque donde está la ley, la religión, el estado, todos dicen que hay ley adonde esta el hombre, el padre, y yo nunca quise ser grande, ser padre, yo rehusó mi lugar de ley, de dios, yo soy otra cosa y por eso me voy porque ese no es mi lugar, y juro por cualquier cosa que nunca te voy a dar un peso, ni un poco de pan ni nada, esa no es mi función, yo no tengo función, yo soy igual que vos, por eso, Ana, me voy, porque somos iguales y vos también podrías haberte ido.
Creo que no me pude explicar, no dije lo que quería, pero ya es tarde acá donde estoy, en esta mesa ya no hay luz y no quiero electricidad, ni pienso decirte donde estoy, pero hay calles de tierra Ana y una vieja sorda me sirve sopa dos veces por día. No llores, no te sirve, hacete hombre Ana, hacete grande, sécate esas lagrimas de mierda y anda para adelante, a donde quieras, deja de amar tanto, cagate en los demás, es lo que trate de decirte y es por eso que me voy, estoy cansado de todo esto, de esta mierda, Ana.
Me voy ahora a dar una vuelta por ahí, quizás después al rio. Espero no pensar en vos nunca más en la vida.

Aron 

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