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17 de julio de 2015

Primera tesis sobre el abandono.



Hay dos formas según las cuales puede uno hacer algún tipo de referencia al abandono en general y al abandono particular generalizado, entendido como aquel que, siendo vivido como una circunstancia particular individual es en realidad un sentimiento enraizado en el común humano. Esto es un comportamiento/sensación social, o aun más que eso, universal.
Universal en sentido que expresa una vivencia humana que no admite diferenciaciones étnicas ni clasistas. Esto se enmarca en una idea general sobre la categoría de hombre universal que comenzó en forma sistemática con la ilustración, que por otra parte fue un movimiento muy positivo del cual han emanado las mejores ideas.
Sin embargo podemos llevar dos caminos, el primer consiste en transitar por la teoría psicoanalítica y otras variedades academicistas que han hecho de la mente, la conciencia o lo que sea, un mecanismo sistémico, entendiendo la universalidad de la peor forma posible. Esta visión estaría atravesada por información erudita instalada en un conocimiento científicamente construido con basamentos obvios en Freud, Lacan, etc.
El problema de esta primera apreciación es su ineficacia. Ya que la angustia constituye un principio que ha sido estudiado en detenimiento por estos sujetos sin llegar, no digamos a una solución, entendiendo la probable incapacidad de lograr una solución, sino, mínimamente a una idea relativamente acabada de algo más que, o bien una descripción vacía de análisis, o bien a una encriptada prosa tecnicista, cuya función parecería ser, en última instancia, esconder el fracaso o la imposibilidad de un avance serio sobre estas cuestiones.
Una segunda alternativa de resolución de los problemas derivados del abandono está en la poesía, practicada incluso antes del descubriendo de la escritura (y de la maquinaria editorial), se asienta sobre la contemplación tranquila de elementos naturales o semi humanos (como dios), que vislumbran una salida al problema del abandono desde la óptica de la resignación, entendida esta no como una derrota (que es probablemente la sensación más cercana al abandono) sino como una necesidad de continuar un camino más allá de cualquier circunstancia dolorosa particular.
En primer lugar me gustaría extenderme sobre la idea de que la derrota es la otra situación que viene de la mano de la idea/sensación/sentimiento/etc del abandono. Esto hace referencia a que, el ser abandonado (o con sensación de abandono, pero este es otro problema) siente su pérdida real o ficticia como una derrota. Pero no solo como una derrota personal, sino más bien como una derrota de la humanidad al no poder dar cobijo a un alma. Notemos que hice un esfuerzo por escribir humanidad y no sociedad porque intento continuar la línea de lo abstracto, es decir, de que este es un sentimiento universal y por lo tanto se maneja en el ámbito de lo abstracto.
Digamos que la idea de derrota se relaciona con el abandono, con el abandonado y con el abandonante. El sentimiento se presenta como fatalidad y como un vínculo que solo encuentra su dinámica o su representación a partir de la figura de abandono. Es decir, una situación de abandono se mantiene en el tiempo y la relación que se establece posteriormente (incluso fuera del ámbito relacional abandonado abandonante sino que se esparce al conjunto de las relaciones que el sujeto entabla donde fuera) quedas signados por la cicatriz del abandono.
Derrota, fatalidad, dolor, angustia (fuera de la interpretación del psicoanálisis) son las sensaciones que se experimentan como un continuum y cuya metáfora más útil es la de la cicatriz, que al mismo tiempo se manifiesta en el cuerpo de alguna forma (en rasgos, gestos comunes, en alguna cosa compartida.).
La poesía, según considero, es probablemente el mejor de los antídotos. Ahora bien, no la poesía escrita, impresa y vendida (que generalmente es pésima literatura) sino la poesía entendida como una forma de relación particular que el hombre entabla con el mundo (otra vez para intentar alejarme del esquema sociológico quiero dejar en claro que es hombre y mundo con mayúscula), unos anteojos que permiten observar las cosas tras un matiz distinto, omitiendo juicios de valor, un matiz que se aparta de la figura clásica del abandonado como un loco, desequilibrado, etc. para plantarse en el terreno de un sujeto que tuvo una experiencia particular (generalizada) y que de algún modo la transformo en otra cosa (o la misma) a partir de un vínculo con alguna otra situación (llámese música, prosa, pensar en el colectivo. Todas cosas igual de importantes,). La salida poética entonces, es entendida como un tipo de relación particular que se entabla entre el sujeto y alguna cosa/actividad que permite observar la realidad de alguna forma matizada, calma.
Sin embargo la figura del abandono es muy interesante, muchos se preguntan si abandonar es un delito, yo me inclino a pensar que es más bien un hecho inevitable y absoluto, repetido constantemente por todos a partir, incluso, de la dinámica que adopta el reloj (tic, tac). ¿ Quién abandona a quien, cual es la cicatriz y donde puede observarse; es un problema unidireccional? Todo lo que podría contestar es que el abandono es una actitud, como la tristeza, se relaciona con la fatalidad, con algún tipo de persecución laberíntica, en fin con la vida misma.

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