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6 de enero de 2016

la actualidad politica



Más allá de la ideología política que se profese resulta interesante el análisis de la representación que se construye (los “medios”?) respecto del devenir político del país a partir del cambio de gobierno.
Del nuevo gobierno pueden discutirse en el marco de la representación (y de hecho es lo que sucede) varias cuestiones, a saber: Si es este más “neoliberal”, o más “institucionalista”, si es hipócrita porque gobierna por decreto, si hace una cosa y dice lo contrario o no dice nada, etc. El hecho de que esto pueda ser discutido no está pensado en forma positiva. Puede ser discutido justamente porque el significado de las cuestiones enumeradas es ambiguo. ¿Quién podría decir si ordenar muchos decretos es ser o no institucionalista y democrático? El problema de estas discusiones es que son evasivas.

Por ejemplo, los masivos despidos en el estado son mostrados como un acto de transparencia democrática. Lo mismo el aumento de precios, tarifas, etc.

Obviamente que esta evasiva también es, o fundamentalmente es, la estrategia utilizada por la nueva oposición. Luchar por las sesiones extraordinarias o por el cumplimiento de los mandatos en un organismo estatal (y además hacer partícipe a un amplio conjunto de la clase media de ese reclamo, es decir, lograr consensuar con una parte de la ciudadanía que los problemas que va a traer el próximo gobierno son de carácter institucional.) tiene como resultado caer en el ámbito de la rencilla política.
Esto último da cuenta con bastante claridad de la esterilidad del kirchnerismo como fuerza política. En lugar de colocar su discurso opositor en el plano de la política económica (y  de paso hacerse cargo de errores propios), es decir, de aquello que no tiene nada de ambiguo hasta para el mas despistado, optan por el camino más fácil de criticar aquello que se sabe intrascendente y dejar hacer (Lo que, de paso, da muestra de una complicidad o asociación).

Es claro que estos problemas que el arco político/mediático no son problemas para ellos, sino que más bien 
constituyen distracciones con el objetivo de dejar pasar o de dejar hacer. Sin duda también que este es el problema de  este sistema político/económico. La libertad política teórica de todos los ciudadanos solo es válida en los términos en que la elite dirigente los permite, y el permiso no se extiende más que hasta donde resulta inofensivo. Generalmente a la sociedad solo le queda la duda de que algo no está funcionando bien. Las bases del funcionamiento del sistema (que son el origen y el motor de la afamada “Corrupción”) permanecen opacas a la sociedad justamente porque en ellas hay un conocimiento que es el que promueve el cambio social.

Queda claro entonces que la clase dirigente manipula hacia un lugar la discusión para evitar enunciar el hecho de que, sea cual sea el carácter superficial del nuevo gobierno, este se propone, resumidamente, aumentar el nivel de explotación del conjunto de los trabajadores y gobernar para su socios. Eso no se define en el plano de la representación y ni siquiera puede ocultarse.

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