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19 de noviembre de 2012

Esto fue lo ultimo que escribi. Un mar de lugares comunes pero es lo ultimo

Los motores hacen hervir el asfalto
a centimetros de nuestras narices

El plastico invade los caminos
humanos

Androides de piel quemada por las maquinas
caminan entre nosotros
haciendo que olvidemos de donde venimos
y probablemente tambien confundiendo nuestra llegada
a donde sea

La moneda, aquel demonio rubio, imparable, voraz, temible
Nos ha conquistado hace siglos ya

¿Podremos alguna vez, levantarnos contra el?
¿Existira la era de la humanidad en esto que solemos llamar humanidad?
Si estamos encerrados entre cristales, entre algodones o entre cartones
Si tienen confiscada nuestra cabeza, nuestra alma
Si ya nada humano tiene valor,
Todo se ha esfumado alli donde solia encontrarsele
Ya nada queda de aquello que soliamos llamar con añoranza hermanos,
Los hemos perdido y somos pocos los que quedamos.
Abundan los falsos poetas, los falsos musicos.
Profetas ya ni quedan, han sido crucificados algunos incluso antes de su llegada.
Los hemos perdido entre maquinas infalibles de ignorancia,
Los hemos automatizado en edificios sin rostro, grises,
Los hemos engordado con comida falsa, con literatura falsa, con falsas asipraciones de una grandeza anonima
Los hemos suicidado entre los escombros de lo que soliamos ser
Hemos clavado sobre ellos revistas, vestidos, perfumes, cremas, parlantes
Los hemos dotado de ruido, de humo, de millones de pantallas en las que pueden masturbarse
Los hemos violado con billetes sucios, con anfetaminas, con ribotril, con ojos que se posan sobre ellos para no verlos,
para no sentir-los.
Los profetas, los que iban a liberarnos, se murieron, se infectaron, se suicidaron, quemaron sus labios, su pelo, su estomago.
Se hicieron mierda. Son los que te roban, los que te matan
Los que ocultamos siempre.
Hemos muerto, caminamos entre zombis, aun resignados a ser parte de algo que nos oprime desde siempre,
desde la tv, desde los telefonos celulares, desde los manuales de historia.
Estamos condenados. Nadie podra levantarnos.
Nuestros salvadores estan en las esquinas o en las oficinas,
o en el espejo.
Pero sus ojos ya no miran, sus corazones ya no sienten.
Sepultemonos en nuestra propia basura,
Siquiera merecemos un funeral.

Los motores hierven el asfalto

Los motores, rugen

Los motores nos desgarran los timpanos y nos acostumbran al ruido

Los motores.

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